sábado, 18 de febrero de 2012

Kala Ghoda

Ya en el avión el vecino traía ese olor indescriptible, el olor de India. Al salir del aeropuerto me asombró que no se me tiren encima para venderme algo o ofrecerme taxi. Pregunté donde estaba la parada del colectivo y allí una mujer embarazada me dijo que ella iba para la estación de tren, que tome el colectivo con ella. Bajamos en una calle repleta de gente y vendedores en la calle, a 100 mts la estación de tren, inmensa y repleta. Me acerqué a una chica que parecía universitaria por la edad y la ropa -usaba jeans y camisa-, en un muy buen inglés me explicó donde estaba la plataforma del tren hacia Mumbai Central Station. El tren venía repleto, no entraba ni una aguja, pero justo el vagón de“First class” abrió sus puertas frente a mí, estaba practicamente vacío. El vagón estaba partido en dos por caños horizontales que separaban la multitud apretujada de los asientos vacíos. Lo extraño es que nunca nadie controló el boleto, ni al entrar, ni durante el viaje de 20 minutos, ni al salir.
Caminé por avenidas colmadas de autos y gente, y ese olor intenso de nuevo. En la ciudad se va mezlcando la polución, la fritanga de los puestos de la calle, los urinarios publicos que emanan un olor sobrehumano. Mi guía en medio de los edificios es la torre del reloj de la universidad -“so british”. Las rotondas en los cruces de las grandes avenidas pretenden ordenar un tráfico imposible, que no respetan los semáforos y avanzan pegados a la bocina. Valientemente solo hay que lanzarse a la calle y cruzar.
Ya es de noche, es domingo y son las 20hs, y hay muchísima gente en las calles. Tomo un jugo de caña con limón y unas chicas me explican que hoy es Kala Ghoda, un festival de arte al aire libre, justo a unos metros, entre edificios coloniales, museos y galerías. Hay esculturas gigantes hechas con distintos materiales reciclados, una calle con puestos donde exhiben y venden diferentes obras manuales, desde pinturas de paisajes hasta típicos dibujos miniatura en hojas de árboles. Hay un escenario donde cada día hay diferentes shows. Hoy danzan con máscaras y disfraces.






Por motivo del festival los hoteles están repletos, empiezo a preocuparme porque los precios de alojamiento en mumbai son realmente altos. Entro en un hotel que excede un 400% lo que estaría dispuesta a pagar y el amable empleado entiende mi situación y me lleva a un hotel escondido. En medio de un gran bazar, una puerta de 50 cm de ancho donde un chico vende remeras en la calle esconde una escalera. En el segundo piso el hotel Volga tiene habitaciones con paredes de durlock y espacio para una cama, ventilador y tele. En un lugar donde no creería que puedan entrar más de 2 habitaciones, recorro el pasillo y cuento al menos 10. No puedo ponerme en exquisita porque no tengo muchas alternativas, y no encontraría otro lugar a este precio, de todos modos mañana pienso huír de este caos. Me voy a dormir sorprendida de la amabilidad y ayuda que recibo de la gente, mi primera impresión de esta nueva experiencia es muy positiva.
Soñando con nieve -supongo por el JetLag pienso que todavia estoy en Londres- escucho orar en hindi durante 30 minutos, el aroma del sahumerio se cuela por debajo de la puerta y sonrío: bienvenida a la India.



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