He perdido
la noción del tiempo, los relojes hace mucho que no rigen mi vida ni me hace
ninguna diferencia que sean las 8 o las 12. Sólo el sol y la luna marcan el
ritmo. Y en India se reafirma: no hay dos relojes que marquen lo mismo.
Cada reloj que se encuentra en las casas tiene diferente horario.
Yo creo que
las horas es un concepto creado arbitrariamente para ordenar el sistema, como
una convención que todos seguimos fieles a que son las 8 en punto y llegas
tarde. Pero no existen las horas ni los minutos, un minuto puede durar días. O
unas horas pueden ser una vida. O la vida misma se puede resumir en 10 minutos.
Entonces nos estamos perdiendo de todo lo que paso en el medio, todos esos
instantes que forman nuestra vida que dura lo que dura la vida.
Si viviera
en un país como Suecia donde los días duran meses terminaría de entender lo
efímera que es la vida y lo efímeros que son nuestros actos. Y a su vez son
eternos si estas real y completamente dedicado al acto y a la vida. Entonces se
transforma lo efímero en eterno.
Un día
puede ser una vida, una respiración el final y el principio.
Estamos perdiendo
el tiempo. ¿Cómo se puede perder algo que no se tiene? ¿Cómo se puede tener
tiempo si es algo inmaterial?
Ese tiempo
que se pierde además tiene un valor, y el valor se lo pone cada uno de
nosotros.
Cada persona es dueña de su cuerpo y de su tiempo, desde que nace a
que muere, por lo que sabemos como real. ¿Cómo es posible que algo externo a
nosotros mismos pueda tener control y poder sobre algo inmaterial como el
tiempo de las personas?
Hace tiempo
que perdi el tiempo. Lo extravié en algún lado con el
calendario gregoriano. Lo que gané al perderlo fue total libertad en mis actos.
Total y absoluta decisión de mis actos y no actos. Aprendí a sentir esos
instantes, a entender cómo se suceden irrepetibles y únicos en calidad y
cualidad.
Cómo cada parte de nuestras vidas no es más que instantes
sucediéndose, flotando y fluyendo en algo inmaterial e infinito, indivisible y
único.