Llegué al pueblo bien temprano y ya estaban
trabajando en la decoración de la carroza. Es toda de madera, las ruedas miden
más de 3 metros. En el frente tiene cabezas de vaca labradas y arriba el
“trono” donde se sientan cien brahmins. Una cúpula de bamboo se eleva al cielo
decorada con banderas.
Ya a las 3 de la tarde 25 mil personas se
apretujan en la calle, ni una gota de brisa roza las cabezas y la transpiración
de todos parece una sola. 


La gente tira bananas apuntando a las ventanas. Es la venganza de las castas bajas, solo hoy se les permite (y desde muy lejos) pegarle a los brahmin. Pero deben arrastrarlos por el pueblo.
Del frente de la carroza salen dos sogas
gruesas y largas que la agarran con fuerza cientos de hombres.
La batucada
marca el paso y crea el clima; van apoyando con la música y creando un
carnaval.
La multitud brama un grito de fuerza y empiezan a tirar, cuesta
arriba, moviendo el carruaje que ronda los 3500 kilos de peso.

Es una energía que rodea todo. Todos estamos
tirando del carruaje.
Entre medio de las sogas van hombres avisando cuando
empezar a tirar y alentando a gritos para que tiren con fuerza.
Todos corren, multitud de gente corre para el
mismo lado mientras una carroza de 12 metros de alto se viene encima tuyo. Va
tapando el sol y sentís que se cae en tu cabeza.
La policía los empuja para
adentro para que no se desvíen y yo me escondo entre espaldas transpiradas para
que no me saquen – soy la unica mujer entre una multitud.
Todas las mujeres del
pueblo estan en las ventanas del primer piso o techos mirando al grupo de
jóvenes solteros que encabezan la procesión bailando.



Solo duró una hora y media, pero parecia
eterno. Hay tantas cosas increíbles pasando al mismo tiempo que no sabés a
dónde mirar. A plena luz del día bajo un cielo azul intenso y un sol
resplandeciente bananas vuelan sobre tu cabeza mientras miles de personas diferentes se
mueven juntas como una gran masa de energia, llevandote con ellos.
La luz es naranja. La piel, el suelo, el aire:
todo es naranja. Y brilla.
Los colores vibran.
Los olores se mezlcan y se confunden.
Los gritos y la musica se fusionan en un
sentimiento de alegría
Los ritos dan el toque de belleza y de
enseñanza.
Todo se junta y se mezcla en un gran masala.




























































